Editorial

La entropía la describe la física como una magnitud que mide el grado de desorden de un sistema. La imagen sugerida por La Ampliadora para este número de la revista quizás evoque una alta entropía. Un sistema ordenado sólo admite una configuración posible, por tanto hay más probabilidades que un sistema esté desordenado. Si hacemos la analogía con el contenedor de portada, es más fácil pensar que éste aumente su desorden que no que espontáneamente se ordene. Resulta dudoso creer que el azar vaya a ser capaz de organizar su contenido, pero sí las emociones de aquellos a los que pertenecieron los objetos.

El apego, entendido como esa necesidad de mantener una proximidad física con aquellos a los que amamos, podría también explicar los vínculos que establecemos con aquellos objetos que han formado parte de nuestras vidas. Nos garantizan el equilibrio emocional si son capaces de volver a formar parte de nosotros en los distintos momentos de nuestro periplo vital. La obra maestra del cine americano, Ciudadano Kane de Orson Welles, gira alrededor de la palabra Rosebud, pronunciada por el enigmático Charles Foster Kane, momentos antes de dejar caer la bola de nieve al suelo, en el instante previo a morir. Durante toda la película el espectador trata de encontrar el misterioso significado a la palabra. El director mantiene el enigma hasta el final, en el que propone Rosebud como término para referirse a los objetos y juguetes utilizados para jugar, que representan la memoria de la infancia de su propietario. Los objetos representan la inocencia perdida de una infancia que nunca volverá. Kane acumula objetos en su habitación de los tesoros no sólo para contemplarlos, sino para recordar los vínculos sentimentales que los unen a sus seres más queridos.

Más allá del desorden, del deterioro o del declive que la imagen pueda mostrar, el número 23 de Engawa recoge historias de objetos, aquellos que cambian de lugar, aquellos que se olvidan y laten en un trastero suplicando una segunda oportunidad para llenar un vacío original, aquellos abandonados esparcidos por la ciudad y que no reciben nuestra atención, aquellos que forman parte de una mudanza literaria, de los propios, como se transforman y se sustituyen en ocasiones por otros nuevos, aquellos cuya memoria relatan hechos relativos a la historia, aquellos que compartimos como sociedad y hablan de cómo somos y de cómo éramos…

Por todo ello agradecemos enormemente la propuesta de la Ampliadora, escuela en la que aprender, investigar, trabajar y disfrutar con la fotografía es otra forma más de relatar historias.

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