Espacio interior: libertad y subordinación

Rubén Páez, Barcelona

La arquitectura a lo largo del último siglo ha experimentado a través de las invariantes que la integran transformaciones que han supuesto verdaderos ejercicios experimentales supeditados a la libertad y a la subordinación de las reglas que toda manifestación artística predispone. Estos conceptos antónimos han manifestado la individualidad y la universalidad de la arquitectura, la objetividad frente a la subjetividad, el individuo frente a la colectividad. El predominio de la subordinación en arquitectura es la norma y la arquitectura toma sentido cuando esta se desprende en su medida del medio que la subordina. El filósofo existencialista francés Jean-Paul Sartre condenaba al hombre a ser libre, a una existencia humana que definía como existencia consciente:

“El hombre, sin ninguna norma o modelo preestablecido, con una libertad sin limites, tiene el deber ineludible de elegir libremente que tipo de hombre quiere llegar a ser y que valor o sentido quiere dar a su vida”.

La libertad en arquitectura no tiene un valor último, el hecho de actuar sobre el hombre, que a su vez habita en un contexto, que a su vez se plantifica en un territorio, convierte a esta libertad en un medio experimental en el que desarrollar nuevos conceptualismos. La libertad privilegia la expresividad de la obra y el autor intenta no alejarse para que ésta conserve su dignidad. El espacio, como invariante que configura la arquitectura, adquiere a lo largo de la historia un valor por encima de la subordinación a las leyes, adquiere el sentido que la propia arquitectura quiere darle. Las leyes son un estadio del proceso al que puede someterse la arquitectura, un intento de control dónde el arquitecto abandona su posición central para que sea la propia arquitectura la que adquiera objetividad y universalidad.

Las reglas más elementales de la geometría suponen el orden compositivo máximo de la arquitectura, la síntesis de la construcción, pero a su vez existe una admiración por los fallos y la alteración que ésta puede provocar. Esta alteración demuestra que el hecho universal puede convertirse en individual, y que lo individual deviene real sólo cuando se transforma en universal. La concepción espacial ha transformado su significado en relación a como el individuo ha ido cambiando su modo de percibir, combatiendo la espontaneidad, o oponiendo objetividad a subjetividad en el modo de vivir.

La evolución del espacio interior ha resultado clave para explicar la historia de la arquitectura, el arquitecto americano Louis I. Kahn, gran erudito de la arquitectura, afirmaba que la renovación de la arquitectura provenía de la propia evolución del concepto de espacio interior. La percepción racional, constante y casi infinita del Renacimiento supuso la conquista del espacio interior . El hombre domina la arquitectura dictando las normas, controlando objetivamente el espacio, un espacio absoluto perfectamente mesurable. La modernidad exploró la relación con el exterior y el espacio interior (1) se concibió como ámbito múltiple, de mirada y visión simultánea.

Las vanguardias de comienzos del siglo XX intensificaron la búsqueda de recursos que rompieran o distorsionaran los sistemas más aceptados de representación o expresión respecto a las formas tradicionales o convencionales. Las vanguardias suponen una concepción renovada del espacio que desemboca en el movimiento moderno: mediante la multiplicidad de perspectivas se consigue la simultaneidad de la visión y por consiguiente del espacio interior. En este sentido se refería el historiador Sigfried Giedion a la renovación del concepto espacio-tiempo en la arquitectura:

“El cubismo rompe con la perspectiva del Renacimiento. Considera a los objetos relativamente, es decir, desde muchos puntos de vista, ninguno de los cuales tiene un predominio absoluto. Al seccionar de esta manera a los objetos, los ve simultáneamente desde todos los lados, desde arriba y desde abajo, desde dentro y desde fuera. Gira alrededor de los objetos y penetra en su interior. De esta manera, a las tres dimensiones del renacimiento que ha durado como caracteres fundamentales a través de los siglos, se les añade una cuarta, el tiempo”. (2)

En la nueva visión es necesario recorrer el espacio para entender su configuración y su estructura. La concepción espacial de la arquitectura moderna ya no es concebida como volumen, se define como el juego dinámico de planos que superpuestos substituyen a la concepción anterior de volumen como masa. Henry-Russell Hitchcock y Philip Johnson en el catálogo de la exposición The International Style, celebrada en el MOMA de Nueva York en 1932, definían esta nueva concepción espacial:

“La apariencia de masa, de solidez estática – hasta ahora cualidad primordial de la arquitectura – prácticamente ha desaparecido; en su lugar hay una apariencia de volumen o, más exactamente, de superficies planas que delimitan un volumen. El principal símbolo arquitectónico ya no es el ladrillo macizo, sino la caja abierta. De hecho, la gran mayoría de los edificios son en esencia, y en apariencia, simples planos que rodean un volumen. Con la construcción del esqueleto envuelta tan sólo por una pantalla protectora, el arquitecto difícilmente puede evitar esta apariencia de superficie, de volumen, a menos que, por deferencia al diseño tradicional en cuanto a la masa, se aparte de su camino para conseguir el efecto contrario“. (3)

Esta concepción transformó los límites del espacio interior, la flexibilidad interior y el modo de relación interior-exterior. El resultado es un espacio abierto, una planta libre delimitada, con un contorno más o menos reconocible, impreciso para que la arquitectura se haga presente. El orden, la norma, la repetición, la composición de la arquitectura pasa a ser un equilibrio de partes desiguales, de caracteres funcionales, de dimensión y proporción distintas.

El Neoplasticismo supuso la antesala de la concepción espacial moderna, dotando a la arquitectura de continuidad entre interior y exterior, creando flujos por medio de planos verticales y horizontales dotando al conjunto de un equilibrio de fuerzas en tres dimensiones cercano a la pintura de Mondrian. Los espacios se liberan ocupando espacios abiertos generados por la contraposición de planos, superficies y líneas. La arquitectura interior se configura a través de una radical simplificación de los métodos constructivos. El elementalismo espacial permite elevar el carácter funcional, económico, antimonumental y antiornamental de la arquitectura.

El pintor Piet Mondrian, transformaba sus lienzos en entes matemáticas que mediante la proporción buscaban el equilibrio con el que plasmar la estructura básica del universo. Para esta misión el pintor dotó a la pintura de una objetividad que buscaba despojar de total subjetividad al observador. El artista no influía en aquel que miraba la obra emotivamente, subjetivamente, sólo si conseguía descubrir la verdad tenía derecho a saber como se había llegado a ella.

Más contemporáneamente en la obra arquitectónica del arquitecto americano Peter Einsenman, ocurre en cierto modo algo parecido que en las obras de Mondrian, el observador disfruta en tanto que la obra está racionalizada. El espacio se concibe a través de la proporción y equilibrio de premisas formales, un sistema traducido a conceptos que prioriza el proceso a la forma del objeto resultante.

En este caso el resultado de aplicar las normas supone la neutralización de cualquier pretensión simbólica y convierte a la arquitectura en una forma de expresión sin significado, una desmaterialización conceptual de los elementos arquitectónicos para abordar una percepción casi virtual del espacio interior.

La obsesión por la norma esconde una reacción por aquello que lo experimental puede resultar de espontáneo.


1) La pintura La Academia de Atenas (Rafael Sanzio 1483-1520), ejemplifica el espacio de la perspectiva, el espacio de la matemática clásica que conquista el espacio lineal del Renacimiento, el espacio de la norma.
(2) Sigfried Giedion. Espacio, tiempo y arquitectura
(3) Henry-Russell Hitchcock y Philip Johnson. The International Style. New York 1932

Ilustraciones por orden de aparición: Academia de Atenas (Rafael Sanzio 1483-1520), Mies van der Rohe, Pabellón Alemán Expo Universal BCN 1929, reconstruido 1986, Casa II en Vermont (Peter Einsenman 1969-70)


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