Casacalle

Héctor Quintela, Madrid

Pero durante aquellos meses descubrí un París barroco; el desconocido de los últimos baluartes íntimos, como el héroe romántico, había levantado los tejados-tapadera de las casas y mirado dentro, de improviso, penetrado como un caco en las habitaciones, robado en los armarios, hurgado en los guardarropas, sorprendido a la gente en la mesa, en la ventada, oyendo la radio, en la cocina (...) contemplé interiores idénticos, en su disposición y en su desorden. (1)
Como el héroe romántico y como el Asmodeo de Luis Vélez de Guevara, que lleva a Cleofás en volandas, tipo fantasma dickensiano, mostrándole la intimidad viciosa de la gente.


La ciudad es realización de un viejo sueño humano: el laberinto. Realidad que persigue al flâneur sin saberlo (2): desde que toda una ciudad es un poco inocente y un poco culpable y el flâneur se vuelve detective han pasado muchos años, incluso siglos. El flâneur se ha cansado de pasear, normal en tantos años. Y el poeta de vagabundear. Y, claro, el vagabundo de ser poeta. Cuando el localismo tiene más fuerza que el patriotismo, o incluso que el transnacionalismo (cuidado con los ismos), y el localismo pueden ser cuatro patas de araña llamadas barrio, el flâneur postrado levanta su casa, como Asterión , con su cabeza de toro, que no se sabe si no sale del laberinto porque no quiere o porque fuera no hay nada o porque y descansa. Pensando si realmente está sentado al borde de algún sena, viendo pasar y pasar y pasar y. Ojos velados de ofuro y espacios que.


Citas:
(1)París Insólito. Jean Paul-Clébert, Patrice Molinard. Seix Barral, 2011.
(2)Libro de los Pasajes. Walter Benjamin. CBA, online.

Imágenes:

1Fotograma de Fellini Satyricon. 1969, Federico Fellini.
2Cartier-Bresson imagen de Madrid


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