Dibujar la arquitectura

Rubén Páez, Barcelona

Cuando el campesino rompe la tierra por primera vez, la empareja y la deja a punto para su posterior siembra, es en ese momento cuando establece las estrategias para recoger la cosecha en un futuro. Ha establecido un vínculo con esa tierra. Con precisa exactitud deja huella con un instrumento sobre un soporte a la vez que está describiendo y transmitiendo todo el saber que la experiencia le permite. La utilización de la huella es en su medida una forma independiente de representación, una forma que contiene a través del surco en la tierra toda la esencia del trabajo manual. La capacidad expresiva de la huella se traduce en un recorrido, a la vez que define la ceremonia de un acontecimiento efímero que se repite periódicamente. Un ritual que deja en la tierra la representación simbólica de un determinado esquema constructivo, un itinerario arquitectónico, una modificación de la superficie que contiene la esencia del quehacer arquitectónico.

En este sentido la alteración o modificación que se produce en la tierra se puede extrapolar a la propia definición de arquitectura. En su concepción, la arquitectura representa las modificaciones sobre un entorno inmediato sometido a las propias necesidades inherentes del hombre. La arquitectura ha constituido una herramienta de comunicación, conocimiento y exploración de los pensamientos. En su lectura gráfica es posible conocer su objetivo, aquello que se persigue cuando sobre un soporte se traza un esquema, un croquis o una representación bidimensional o tridimensional, aquellas ideas que se pretenden significar.

El arquitecto a lo largo de la historia ha recurrido a diferentes mecanismos para traducir esas ideas, expresarlas o simplemente exponerlas: desde la palabra, el dibujo o la propia arquitectura construida. Pero es el dibujo quizás la aportación clave; distintos significados de dibujo se han desarrollado a lo largo de la historia de la arquitectura. Un primer significado de dibujo se trazó en una vertiente científica, aquella que correspondía a la actividad gráfica o al sistema de representación más adecuado o más acorde con la arquitectura que representaba. En una segunda acepción se ligó el dibujo al concepto de proyecto, en el sentido más moderno del término. Al dibujo se le dotó de la función de plasmar y comunicar las ideas del arquitecto a la vez que dotaba de significado a la arquitectura., y en un tercer sentido el dibujo apareció como concepto de creación, en el que el objetivo del dibujo era que poseyera una cualidad estética propia por encima de cualquier otra finalidad.

En este abanico que define el dibujo a lo largo de la historia se manifiesta la condición tan poco estática y en continua evolución de la arquitectura. La interpretación a lo largo de la historia se ha desplazado desde la visión más intelectual hasta la más prosaica, de la más filosófica a la más científica, pero en todas las épocas se ha manifestado una fascinación por determinar su implicación en la definición de la arquitectura.

El dibujo como conclusión de todas las cosas imaginables es el mecanismo que proporciona mayor bienestar y placer a la hora de comenzar un proyecto de arquitectura, de ahí que posea un carácter mágico inigualable a cualquier otro arte. Antes de construir, el proyecto se dibuja y se forma en la mente; éste modelo ideal se copia, y su copia se convierte por tanto, en el principio que genera la arquitectura, en su propia definición y en su propia identidad, aquella que evoca y transmite las ideas.

En el modo de operar de la arquitectura, nace su capacidad para comunicar. El dibujo contiene ideas o pensamientos, que nacen del arquitecto como el lenguaje propio de la arquitectura. El campo donde expresarse con mayor libertad es el gráfico, más allá del oral o del escrito, que actúan como medios complementarios. Del mismo modo que se reconoce al escritor por sus ideas plasmadas en un libro, se encuentra una propiedad individual en el carácter gráfico de cada arquitecto. Los dibujos pertenecen al arquitecto y son el medio de comunicación y de actuación propios.

Los trazos del dibujo se acompañan del desarrollo de las ideas, los trazos sobre el papel toman el significado de los conceptos que se quieren transmitir. El dibujo adquiere una prolongación de la mente del arquitecto y se convierte en un ideograma capaz de relacionar los aspectos funcionales, formales y constructivos del proyecto arquitectónico a la vez que proporciona la información suficiente para una lectura abstracta del objeto arquitectónico.

El paso del dibujo como lenguaje a pensamiento, define su paso de la mera representación a la realidad virtual. El dibujo no sólo es un instrumento, una herramienta o un modo de expresión, es el principio que genera la arquitectura y en su concepción se encuentra esa capacidad. Sin el dibujo, la propia arquitectura carecería de significado.

* Dibujos por orden de aparición: Jörn Utzon, Tadao Ando, Erich Mendelsohn, Mies van der Rohe y Richard Rogers

previo--------------------índice---------------------siguiente