Paisajes secuenciados

Montse Solano, Málaga.

“Todo el paisaje que la rodea [la casa Malaparte], desde Tagara a monte Tiberio, posee una fijeza y una belleza ajenas a la medida y a la vida de los hombres” (1)

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Entre 1938-1942 el arquitecto Adalberto Libera desarrolla y construye una casa para el escritor Curzio Malaparte, en la isla de Capri (Nápoles, Italia).

Una vivienda moderna, que se confronta con un lugar excepcional -entre las rocas de un acantilado, entre el mar y el cielo. Una arquitectura racional, que se posiciona en un entorno fronterizo y mediterráneo.

Un paisaje, relativo e inseparable a la casa, que se considera aquí como protagonista. El lugar, el territorio, se anteponen a la posible lectura crítica de la vivienda, de la arquitectura.

El paisaje de la casa Malaparte pasa a un primer plano. Y tres elementos definen la estrategia para abordarlo y atravesarlo:

_ Una película: Le mépris (El desprecio), Francia, 1963, de Jean-Luc Godard.

_ Un artículo: “Adalberto Libera’s Villa Malaparte”, de John Hejduk, publicado en la revista Domus en 1980.

_ Unos movimientos: Desplazamientos en sentido vertical y horizontal marcarán las secuencias y las palabras.


I.




“La casa Malaparte concebida por Libera es una casa de rituales y ritos, es una casa de misterios (…) Tiene que ver con la aspiración de hojas y piedra y las expulsiones del mar y el cielo. Tiene que ver con la elección del bien y del mal y el inevitable sufrimiento cuando se toma una elección errónea. Tiene que ver con la cavidad de las cuevas y la inaccesibilidad del sol. Tiene que ver con el abandono de la abstracción y la seducción de la lírica.”
(2)

Paul Javal (Michel Piccoli) se sitúa, como espectador, en la coronación del propio paisaje. A modo de halcón. Entre un conjunto de rocas que parecen emerger del agua. Observa la belleza de la línea horizontal, aquella que une el cielo y el mar: tiene una visión abierta, hacia el infinito.

Una contraposición al paisaje de descenso –un desplazamiento vertical. Paul Javal camina ahora junto a Fritz Lang (Fritz Lang). Uno detrás del otro, desde el punto más alto de la colina. El movimiento de ambos define un trazado sinuoso. Queda enmarcado por la vegetación. Por árboles frondosos. Ven un suelo de tierra, y piedras, pero no a su alrededor. Tan sólo algunos huecos se lo permiten: por los que aparece el acantilado y una plataforma artificial – de color rojo.

El final del recorrido se ensambla con una escalera -inversa. Se une, casi sin apreciarlo, a esa plataforma: la cubierta de la casa Malaparte. Paul asciende. Está ahora sobre esta arquitectura. Deja detrás la gran roca y la densidad. Llega a un plano horizontal: donde las trazas de su movimiento están acompañadas por el horizonte -el mismo que veía desde la cumbre.


II.




“El plano de la casa Malaparte es una inscripción. Uno no puede encontrar la entrada a esta casa, está escondida como las tumbas. Asumiendo alguna entrada, una vez dentro (…) hemos entrado en un mundo subterráneo, cuatro ventanas en dos paredes, una vista exterior hacia un sumergido fondo de océano; estamos en una especie de submarino exploratorio.”
(3)

Paul desciende a un nivel inferior e ingresa a la casa Malaparte. Entra en el salón principal. Su recorrido – horizontal- se convierte en protagonista central. Mira por una ventana (V1), se acerca a otra (V2), y en una tercera (V3) encuentra a Camille (Brigitte Bardot). Los dos se dirigen a V1 y se detienen un instante ante este gran hueco: el paisaje queda enmarcado, se transforma en plano de fondo.
La tensión en este espacio interior no la genera ahora la naturaleza, sino el propio movimiento de los cuerpos. El trazado del desplazamiento de Paul parece conectar, entrelazar, las vistas del exterior. Se mueve. V1. V3. Llega a la última de las ventanas (V4) - la de mayor dimensión. Habla. Camina. V4. V2. V4.

Delante de este gran hueco, V4, se encuentran además los cinco protagonistas. Paul se sienta, interrumpe el recorrido. Progresivamente los demás abandonan este espacio, y son cada uno de ellos los que marcan diversas direcciones. El gran hueco de la ventana se libera: muestra un territorio rocoso y la superficie del agua.


III.




“Una vez expulsado de las profundidades (…) La escena exterior es panorámica y de otra cualidad. Se trata de una escena de hombre y naturaleza, nacimiento y muerte, expansión y compresión, sacrificio y aceptación. El gran elemento principal es la creciente escalera exterior que termina sobre la superficie plana de la cubierta-terraza; la escalera cumple un doble propósito: es el acceso a la vista del cielo y el mar, y una vez en descenso, retrocediendo, la escalera actúa como el graderío para un teatro, sentando a la imaginaria audiencia de espaldas a la horizontal línea de horizonte del mar.”
(3)

Con este sentido de retroceso, de nuevo desde la plataforma superior, recorren la gran escalera Paul y Camille. Inician otro desplazamiento –vertical-. Mientras descienden sobre la casa Malaparte la superficie de la colina aparece contundente. Las rocas delimitan los límites del lugar.

Llegan a un nivel inferior, y el recorrido de ambos abandona el contacto con la arquitectura de la casa. Se adentran ahora en un trayecto definido por la propia topografía del territorio. Una pendiente que es atravesada por una escalera zigzagueante. La mirada va cambiando de dirección: colinas y horizonte se alternan como fondo.

El final del camino ofrece a cambio otra interesante perspectiva. Paul se sitúa, como espectador, ahora en la base del propio paisaje. Observa la belleza del lugar y de Camille, mientras ella nada en las aguas tranquilas. La gran ola, que puede llegar hasta el nivel de la casa, parece que ha dado una tregua: ha permitido alcanzar desde la colina la superficie del mar.

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“Entrar a la casa [Malaparte] o salir hacia la cubierta responde a dos actos arquitectónicos totalmente diferentes: a la “continuidad” con el paisaje y a la exposición total sobre el horizonte”. (5)

El paisaje de la casa Malaparte se ha recorrido y observado: desde el interior, protegido de la naturaleza; y desde el exterior, que forma parte de ella. El paisaje se ha secuenciado.



Referencias:


(1) Francesco Venezia. La isla de la esfinge. 1983.
(2) John Hejduk. “Adalberto Libera’s Villa Malaparte”, Domus, 1980, n. 605. http://www.domusweb.it/en/from-the-archive/2012/07/21/adalberto-libera-s-villa-malaparte.html (traducción realizada por la autora)
(3) Ibid.
(4) Ibid.
(5) Gloria Saravia. “Los dos mundos en casa Malaparte”. Dearq, 2010, n.7, pp. 99-111. http://dearq.uniandes.edu.co/articles/2011/los-dos-mundos-en-casa-malaparte


Referencias imágenes.
Fotogramas de Le mépris (El desprecio), 1963, Jean-Luc Godard. Parte I a II: minuto 80:00 – 97:00

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