La propia casa

Laura Bonell, Barcelona.


El visitante contemporáneo se maravilla ante lo que un día fue una casa.



Ante la osadía de su enclave en el paisaje.
Ante la escenografía representada en sus exteriores.
Ante la inteligencia del uso de los materiales comunes.
Ante la proporción de sus espacios.



El propietario es a la vez el creador.
Su manera de pensar funda sus principios,
su manera de habitar da forma a sus estancias,
su carácter construye su identidad.



Cuando él muere, los espacios que un día creó sobreviven.
¿Puede la casa pertenecer a alguien más que a quien la ha creado como extensión de si mismo?



Después, la propia existencia se desdibuja y la naturaleza llena sus espacios.
¿sigue siendo una casa, si sus moradores ya no las ocupan?
¿sigue siendo una casa, si los espacios ya no existen como fueron concebidos?
¿sigue siendo una casa, si solamente quedan ladrillos y piedras?

Tiempo después, los habitantes del futuro se maravillan al recorrer esos espacios que ya no son y que jamás podrán volver a ser.



Esta casa, mi “retrato de piedra”. Una casa que se me parece, o dicho de otro modo, una casa como yo. ¿Pero qué yo?

Curzio Malaparte, sobre la casa Malaparte



Esos muros que apuntalo están todavía tibios del contacto de cuerpos desaparecidos; manos que todavía no existen acariciarán los fustes de estas columnas.
(…)
Cada piedra era la extraña concreción de una voluntad, de un recuerdo, a veces de un desafío. Cada edificio era el plano de un sueño.

“Memorias de Adriano”, Marguerite Yourcenar.



Referencias:


Texto y fotografías de la Villa Adriana de Laura Bonell

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