El faro

Pablo Twose Valls, Barcelona.



Propongo entrar a la casa Malaparte siguiendo los pasos de René Novella, traductor al francés del escritor Curzio Malaparte. René ha estado leyendo su libro “la piel” durante el trayecto en tren que debe llevarla a Nápoles. En su vagón los pasajeros festejan la liberación de Nápoles por parte de los aliados. Estamos en 1945.

Al día siguiente René embarca hacia Capri, allí coge un tren hasta el centro de la isla y camina bajo el sol de Agosto hasta llegar al sendero que conduce a la villa Malaparte.

Una mujer le espera bajo el umbral de la casa. El maestro está descansando – se disculpa - Él trabaja toda la noche y duerme durante la mayor parte del día – aclara - Debemos excusarle por no compartir el desayuno con nosotros… (1).

René entra en la casa junto su acompañante, le sorprende la estrechez de la entrada en contraste con la amplitud de la sala. Da vueltas alrededor, 15 metros por 8 metros, deduce. Se detiene en el centro, observa la ausencia de asientos, y mirando la chimenea rememora un extracto de “la piel” que ha leído hace apenas unas horas:

“Por la tarde, después de comer, solíamos estirarnos delante de la chimenea en las pieles de gamuza que cubren el suelo de piedra. Es una vasta pieza de chimenea, y construido en el fondo del hogar hay un cristal de Jena. A través de las llamas se discierne el mar iluminado por la luna (…)” (2)

Con el eco esas palabras en su cabeza René vuelve a mirar la chimenea de la sala y piensa, cuando se enciende las olas danzan en llamas…

Las olas danzan en llamas, no puedo quitarme esta frase de la cabeza, me atrapa, como el resto de la casa, y poco a poco empiezo a sentirme como un absurdo detective buscando más pistas sobre esta chimenea… Dejo de lado a René por un momento.



Para seguir, sugiero que nos agachemos y, sentados sobre esas pieles de animales que cubren el suelo, miremos de nuevo hacia la chimenea. Nuestra visión ahora ha descendido, ya no sólo encontramos el mar en llamas, si no que aparecen, enmarcados por la ventana de la chimenea, el cielo y las rocas de los Farallones. Fuego, agua, tierra y aire aparecen reunidos en este pequeño altar, son los 4 elementos de la Grecia Clásica, la observación no es mía, es del arquitecto Japonés Arata Isozaki (3). Todo en la naturaleza es combinación de esos cuatro elementos sostiene Platón, y todo ello cabe en la chimenea de Malaparte.

Ante esta “vasta” chimenea mitológica, que contiene el cosmos entre sus paredes y preside el salón como un gran anfitrión, uno presupone que debería emerger del techo con la misma majestuosidad.

Sin embargo, si paseamos por su terrado, veremos que nada sobresale de la cubierta a excepción de un muro curvo. En la cubierta sólo hay lugar para la horizontalidad del mar.

No hay rastro de chimenea alguna.

Por supuesto todo se debe a un engaño, La chimenea está, aunque no podamos verla.

Después de revisar muchas fotografías descubro una que muestra la salida de humos. Está escondida en el interior del famoso parapeto blanco que zigzaguea orgulloso sobre la terraza de la casa Malaparte.

Sobre chimeneas hay un consejo de sabiduría popular que el viejo constructor de la casa Malaparte, Adolfo Amitrano, seguro conocía. Reza lo siguiente: la superficie de salida de una chimenea debe ser una décima parte de la superficie de entrada de la boca del hogar. Según este consejo, es el grosor del muro que oculta la chimenea el que dicta el tamaño de su parte inferior.

Así, la “vasta pieza de chimenea” de la que alardeaba Malaparte enmascara una chimenea mucho más modesta en su interior.



Dejando de lado la mitología y las sutilezas constructivas, podríamos probar con otro enfoque a la hora de abordar esta chimenea. Esta vez siguiendo la pista del arquitecto norteamericano Steven Holl.

Holl sostiene que la mirada que observa las llamas de una chimenea es la quintaesencia de la mirada introspectiva. Holl advierte que esa mirada interiorizada queda totalmente subvertida al colocar una ventana en la parte trasera de la chimenea. Mediante esta modificación la mirada introspectiva pasa a ser una mirada dirigida hacia el exterior.

Esta inversión en la forma de mirar caracteriza la casa del mismo modo que caracteriza a Malaparte - concluye Holl. (4)

Me gusta la explicación de Holl, pero me pregunto, si la subversión en la forma de mirar la chimenea de la casa Malaparte no sea quizás de otro tipo.

Empiezo a alejarme de este camino transitado por tantas voces: la del propio Malaperte, Isozaki, Holl, René Novella y un largo etc… y pruebo a caminar un rato solo, aún a riesgo de perderme y hacer totalmente el ridículo.

¿Y si Malaparte nos vuelve a engañar? ¿Y si la ventana de su chimenea no estuviera diseñada para ser vista desde el interior de su sala? ¿Y si fuera un dispositivo para ser visto desde el mar, en la plena oscuridad de la noche?

“Él trabaja toda la noche y duerme durante la mayor parte del día” Le dijeron a René Novella el día que conoció a Curzio Malaparte.

Poco a poco los indicios empiezan a cuadrar. Su horario insomne, su vivienda situado en la punta de un acantilado. ¿No es esa la vida de un farero, la vida de alguien que ha escogido el destierro? ¿No es acaso su chimenea un faro?

Hoy vivo en una isla – escribió Malaparte - en una casa triste, dura y severa sobre el mar: una casa que es el fantasma, la imagen secreta de la prisión. La imagen de mi nostalgia.” Como un pájaro que se ha tragado su propia jaula – Se describió Malaparte. (2)



Así, como hacía el antiguo farero, cada noche Malaparte encendía el fuego, avivando así la llama de su nostalgia.

Todo lo que brilla ve - escribió Bachelard – cuanto más estrecho es el hilo de luz, más penetrante es su vigilancia. Por la luz en su ventana, la casa ve, vela, vigila, y espera… (5).

Intento imaginarme de nuevo esa luz amarillenta vista desde el mar, símbolo de vigilia y espera eterna, e incluso de nostalgia eterna. Pero sólo logro ver oscuridad. Imagino que al caer la noche ya nadie enciende la chimenea de la casa Malaparte.

Poco me queda por decir, quizás lo mejor sea largarse. Siendo Capri la mejor opción será hacerlo por mar. Antes de dejar la isla veremos una última luz, El Faro di punta Carena, construido en 1862. Una perfecta construcción cúbica, pintada de color rojo sangre, situada en lo alto de un escarpado acantilado…


Ciao Malaparte.




Referencias:


(1) Novella, RENÉ, Invited by Malaparte we leave for Capri. Capítulo del libro: MALAPARTE a house like me, de MICHAEL Mc DONOUGH.
(2) MALAPARTE, CURZIO, La piel.
(3) ISOZAKI, Arata, Letter from Capri, Capítulo del libro: MALAPARTE a house like me, de MICHAEL Mc DONOUGH.
(4) HOLL, Steven, A basket of Oysters, Capítulo del libro: MALAPARTE a house like me, de MICHAEL Mc DONOUGH.
(5) BACHELARD, Gastón. La poética del espacio.

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