Agua y lugar

Rubén Páez, Barcelona.


A través de la imaginación uno puede hacerse una idea de la experiencia de Curzio Malaparte en la cubierta de su casa de Capri oteando el horizonte, o la de Jorn Utzon en Can Lis con el mar bajo sus pies, o la del Sr. Edgar Kaufmann en la Fallingwater bajo el rumor de la cascada del río Bear Run. En los tres casos la arquitectura se adapta a las singularidades y peculiaridades del lugar.

La realidad del entorno natural y su complejidad opera en los tres casos como protagonista indisoluble en el proyecto. En cualquier caso las ideas que gestan el proyecto se adaptan y armonizan a las particularidades específicas del emplazamiento.

¿Por qué la elección de estos proyectos?

Los tres proyectos tienen el objetivo y el desafío de adecuarse a un medio en el que el agua los enfrenta a los problemas y dificultades reales. El agua es el protagonista, en el que los arquitectos responden según las necesidades, tanto de abrigo como de emoción, aceptando las leyes naturales como reglas con las que construir.

Es posible que el agua aparezca como parte integrante del paisaje de distinta forma, pero es indudable que su naturaleza y su cercanía determinan la apariencia y el carácter de los tres proyectos.

La relación del hombre y la naturaleza a lo largo de la historia ha determinado el resultado des de el punto de vista estético de la arquitectura. El hombre actúa sobre la naturaleza, imitándola y transformándola en su afán por dominarla. La historiadora del arte, Isabel Lugo Generoso se refiere a esta vinculación:

“Desde mediados del siglo XVIII, la relación hombre-naturaleza ha sido establecida poéticamente a través de dos ideales diferentes, aunque no totalmente contrapuestos: el ideal clásico y el ideal romántico; lo sublime y lo pintoresco; la naturaleza que supera al hombre, y en su grandeza plantea la búsqueda de lo eterno, lo absoluto, y aquella otra compuesta de pequeños detalles, reelaborada a la medida del hombre (…)” (1)

La Fallingwater representa, en el sentido de la relación hombre-naturaleza, una integración a través de la búsqueda de un espacio abstracto y continuo con la naturaleza. La casa, conceptualmente, en un atrevido alarde constructivo y formal, se construye sobre el agua, sobre una cascada. La cascada es el elemento integrante, el agua estaba y seguirá estando allí, y sin ella no se puede concebir la obra de Frank Lloyd Wright. La presencia de agua en el origen convierte en singular e irrepetible la casa.

Para Jorn Utzon en Can Lis, el lugar representa una búsqueda, en el que la elección evoca el simbolismo clásico e ideal. En palabras de Utzon:

“La plataforma como forma arquetípica irradia una gran fuerza arquitectónica, una visión elevada y una visión de firmeza cercana a la que surge en un rocoso macizo”
.(2)

La plataforma escalonada en la que se erige la casa se entiende como punto fundacional del lugar. Can Lis se construye al borde de un acantilado, entre un bosque de pinos, con vistas privilegiadas del mar mediterráneo.


La presencia del agua, y en este caso del mar mediterráneo representa un elemento esencial en la concepción proyectual: las relaciones interior-exterior se generan en dirección al mar, las orientaciones de los pabellones se seleccionan con vistas al mar, la luz reflejada por el sol mediterráneo sobre el mar invade de luminosidad el interior de la casa a lo largo del día, la luna llena riela en el mar inundando de luz los pabellones, la brisa húmeda del mar refresca en las tardes calurosas de verano, el golpeo de las olas sobre el acantilado producen susurros en las cálidas noches de verano y murmullos en los días invernales de tormenta. La experiencia, más allá de la posición dominante frente al mar, la propicia el lugar, pero sin duda la presencia del agua la idealiza.

En el caso de la Casa Malaparte, en una primera lectura, el objeto arquitectónico sugiere la forma de un Belvedere renacentista. El término, de origen italiano, significa “bella vista” y su propio significado describe el objetivo del proyecto, diseñado y situado para mirar hacia una agradable escena, el mar Tirreno.

El objetivo determina tanto la distribución en un eje longitudinal de la planta, la composición de las oberturas, como el diseño del propio mobiliario en relación a las vistas: los grandes ventanales en la sala de estar, la pequeña ventana en la parte posterior de la chimenea…



La presencia inequívoca del mar es la motivación que vincula la armonización de la arquitectura con la inmensidad del paisaje inmediato. De Belvedere a refugio extremo, de barco a faro se resguarda de las fuerzas extraordinarias de la naturaleza. La casa, asomada a la proa del acantilado, en los días de temporal se ensimisma protegiéndose del oleaje y el viento, e indaga des de su interior sobre el enigma del horizonte.

La terraza de la cubierta requiere una atención especial. Probablemente sea el elemento con más intencionalidad, des del punto de vista que proporciona el marco propicio y da forma a la escenificación de la naturaleza. En el plano horizontal se encuentran el cielo y el mar como telón de fondo, permitiendo “vivir por un instante en contacto con el infinito” (3), y casi alcanzarlo y tocarlo con las manos.



Referencias:


(1). El agua: mito y materia plástica. Isabel Lugo Generoso
(2). Mesetas y plataformas. Jorn Utzon. Platforms and Plateaus: ideas of a Danish architect. Zodiac núm. 10. Milano 1962
(3). Ensayo sobre arquitectura moderna y lugar. J.M Muntaner

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