LÍMITES APARENTES

Rubén Páez, Barcelona

De la fotografía de portada podríamos afirmar que coexisten en un instante, reflexión, transparencia, transformación de la arquitectura mediante la superposición de imagen, textura, luz, sombra, color… elementos efímeros que aparecen azarosa y arbitrariamente desvaneciendo prácticamente los límites físicos de nuestra percepción. La calidad arquitectónica se articula sin duda a través de nuestra experiencia, una certeza que olvidamos frecuentemente ante el predominio y el entusiasmo por la práctica de una arquitectura óptica, fuera del ruido que produce la realidad. Sorprende la atracción que sentimos por tal fantasía fotográfica de formas congeladas en detrimento de una arquitectura narrativa experimentada con el cuerpo.

“Me afano mucho, me aturdo en una serie de efectos diferentes (de los almiares), pero en esta estación el sol se pone tan pronto que no puedo seguirlo...en el trabajo actúo con una lentitud exasperante; cuanto más avanzo, más cuenta me doy de que hay que trabajar mucho para llegar a conseguir lo que busco: la “instantaneidad”, sobre todo, el desarrollo, la misma luz reproducida por doquier, me disgustan más que nunca las cosas fáciles, que llegan como a chorro. En fin, cada vez estoy más furioso ante la necesidad de representar lo que experimento y me juro a mi mismo que no seguiré tan impotente, porque me parece que podría hacer grandes progresos…”

Así se expresaba el pintor Claude Monet en una carta dirigida a su amigo y crítico de arte, Gustave Geffroy en relación a la serie de 25 cuadros que estaba pintando hacia el 1890 y que le catapultarían más adelante al estrellato del movimiento impresionista. Monet se muestra obstinado en pintar la instantaneidad de una luz cambiante a cada momento. Una luz que acaricia y sonroja la piel en los días otoñales, congela el alma en los fríos y nevados días de invierno, es nítida, alegre y calurosa en los meses de verano y amansa los sentidos en el estallido de la primavera. Monet plasma el momento de luz iniciando el camino hacia la abstracción a la vez que destruye el objeto de su mirada. Los límites del cuadro se le hacen estrechos: los del ámbito del cuadro, los propios de la técnica pictórica y los del paisaje que abarca su mirada…Monet decidió quedarse con la pintura, cargada de energía e hizo volar por los aires los límites físicos del propio objeto artístico.

La arquitectura como disciplina ha entendido el límite de muchas formas, “quizás demasiadas veces como frontera y no como membrana”, afirma Toyo Ito en su libro Arquitectura de límites difusos. (1) Ese carácter cerrado no impidió a pesos pesados del movimiento moderno como Mies van der Rohe llevar al límite, por ejemplo, los materiales. Mies convierte en obras magnas edificios construidos “solo” de acero y vidrio, usando las cualidades de éstos para expresar más allá de lo físico, espacios conectados con los sentidos. Los límites materiales existían, pero a través de la reducción y simplificación de los elementos usados resuelve las limitaciones de éstos y evoca una nueva mirada arquitectónica.

Si determinamos el límite como membrana, como afirma Ito, sabemos que, ésta puede permitir el paso, ser porosa a los flujos, ser interfaz o intercambio entre distintos medios, ser flexible o adaptable…y hasta transformar la realidad como lo hace el reflejo, no complementando la realidad, sino transformándola. Ito define ese límite como membrana selectiva, en la que los individuos somos capaces de relacionarnos con el espacio, con el lugar, la naturaleza…”no saber si el interior es exterior, el exterior es interior y dónde está situado; romper límites y volverse un todo difuso de partes por distinguir.”

Monet intentó pintar el instante; una luz, efímera, que se le escapaba en un abrir y cerrar de ojos. Detrás de lo efímero, probablemente su significado más inequívoco esté en el tiempo, también hay el sentido de transformación que sufre cualquier objeto arquitectónico y la percepción de éste dentro de los límites de nuestra mirada. La percepción cambia, así como cambia el entorno al que se somete ésta. Pero no solo la percepción cambia a través de la mirada del ojo, también lo hace a través de la intervención del resto de sentidos.

Juhani Pallasmaa siempre ha defendido la hapticidad como forma más completa de percibir la arquitectura (referida a la cualidad de lo que es capaz de ser sentido y percibido, por el tacto y por exclusión a todo el conjunto de sensaciones no visuales y no auditivas que experimentamos). También ha reconocido una cierta derrota en esa defensa al observar cómo la arquitectura ha sido predominantemente teorizada, enseñada, practicada y criticada como una forma de arte del ojo. El ojo hegemónicamente ha dominado el arte de percibir la realidad. Y en este sentido, quizás haya que limitarse más a comprender y sentir que a ver, apostando por una arquitectura menos óptica, como se refiere Pallasmaa. Una arquitectura que derive en una experiencia en la que todos los sentidos puedan actuar simultáneamente fortaleciendo nuestro sentido de lo real y no de una fantasía fotográfica.

Volviendo a la imagen de portada, en ésta la luz penetra y deja pasar o intuir la vista. También sugiere un término que acuñó Colin Rowe, teórico americano de la arquitectura, sobre la percepción del espacio arquitectónico: la transparencia fenomenológica. Un concepto fascinante que deriva en una arquitectura de las apariencias, que pierde sus límites, y hasta cierto punto su comprensión. La transparencia definida como la cualidad de un instante o de un momento en el que se pueden llegar a percibir simultáneamente diversos fenómenos (la apariencia de algo ante nuestros sentidos) en el objeto arquitectónico. La arquitectura en ese instante se convierte en un espacio abstracto al que mirar desde la complejidad y la ambigüedad, haciendo imposible no vincular lo que vemos con lo que sentimos y la conciencia que en ello experimentamos. Ante nuestros ojos el sentido de lo real se desvanece y porque no pensar que somos protagonistas de otras fantasías fotográficas.

La arquitectura está ampliamente sometida a fuertes impresiones sensoriales que desdibujan los límites físicos pero también los perceptivos. Nos impactan y fascinan los espacios que desparecen disueltos en las propias cualidades de los materiales, como podría ser la superficie reflectante de un espejo o de un vidrio. La realidad duplicada queda sustituida por el reflejo, en el que encontramos la emoción de otra realidad. O también la superficie del agua, en la que aquello que se refleja, “…su apariencia tiene más de realidad que el original que se refleja ya que el reflejo contiene además del original los efectos que la naturaleza opera sobre nuestra percepción.” (2)¿Es Venecia una ciudad real o un espejismo de sus aguas y de su periódica aqua alta?

Nos extasían los efectos especulares que se producen en los cuadros hiperrealistas de Richard Estes. Plasmar la realidad a través de los reflejos de las superficies metálicas y vítreas que invaden las ciudades. Metáforas sobre lo que vemos y sobre lo que es verdad. O las esculturas, ubicadas en exteriores, de Larry Bell. Cajas de vidrio de colores que abordan la relación entre el objeto y la ciudad, creando una nueva experiencia e ilusión perceptiva que interactúa con el espectador. O las ciudades superpuestas del pintor Jorge R. Pombo, en el que la transparencia representa la percepción simultanea de instantes, y lo transparente deja de ser claro para construir una nueva ciudad imaginaria.




Horn and Hardart Automat, Richard Estes



Pacífic Red V, Larry Bell, de Timothy Schenck



New York / Mumbai, Jorge R. Pombo

Nos atraen arquitecturas concebidas con el anhelo de representar la transparencia como símbolo del espacio deseable, como los pabellones de Les Cols (Olot) del estudio de arquitectura RCR. Un interior concebido como la extensión infinita del tiempo y del espacio. La transparencia se revela como una opción de vivir desprovistos de todo. Una fusión con el lugar en el que se desvanece la barrera perceptiva entre el interior y el exterior, y el vidrio se convierte en una superficie placentera que se desmaterializa de su propia naturaleza sólida y se convierte en un límite casi blando y natural.

Nos hechizan los muros cortina. Grandes planos de vidrio afectados por las influencias externas e internas en los que sus límites reaccionan con el entorno. Unos límites que se vuelven flexibles respondiendo a lo inmediato, transformando nuestra percepción hacia una complejidad visual extrema. Sirva de ejemplo el majestuoso proyecto de la fundación Cartier de Jean Nouvel en París. Sus jardines quedan atrapados entre telones de vidrio y los espacios interiores y exteriores fusionados. Los árboles atrapados se miran de reojo, se susurran e intentan emprender diálogos inabarcables estallando de vida en cuanto la luz surge. La confusión y la desorientación se apodera del visitante, desatando la ensoñación.

Nos entusiasman los interiores que se crean a partir de la superposición de múltiples realidades producidas por la transparencia fenomenológica. Nuevas realidades subjetivas creadas por la superposición de instantes a merced del capricho de nuestros ojos. Que nos obligan a ver y a escudriñar, a recorrer el espacio intentando comprender lo que estamos observando. Una mirada sometida a un aparente equilibrio visual que nos confunde y engaña. Espacios de fronteras muy ambiguas dónde los límites entre superficies se desmaterializan disolviéndose la distinción entre materiales y revestimientos.

Y a pesar de todo y aún sabiendo que sólo el 5% de lo que percibimos es real y el 95% restante es la interpretación que hacemos de esa realidad, nos empecinamos en creer que las cosas sólo pueden percibirse de una sola forma rígida y estática. Y pensando que la vida es una amalgama de experiencias humanas, artísticas, naturales, temporales y que …todo aparece superpuesto ante nosotros con un orden indescifrable… (3) la arquitectura debería enmarcar y estructurar nuestras experiencias como consecuencia de la voluntad que tenemos como individuos por entender la realidad y desenvolvernos en ella.




Pabellones Les Cols, RCR arquitectes, de Erieta Attali



Fundación Cartier, Jean Nouvel, de Jean Nouvel Atelier



Patio Villa, Rem Koolhaas, de Hans Werlemann


Referencias:


(1) Arquitectura de límites difusos, Toyo Ito, 2007, Gustavo Gili
(2) Una caja de botones en un cruce de caminos. Resonancias en la obra de Juan Navarro Baldeweg . Enric Granell NAVARRO BALDEWEG, Juan. Catálogo de la exposición en el IVAM. Edición del IVAM. 1999.
(3) Superposiciones, Luís Martínez Santa-María, 2018, conarquitectura ediciones

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