LAS CONDICIONES DE LA MATERIA Y LA MATERIA DE LAS CONDICIONES

João Paupério & Maria Rebelo, Oporto


Recientemente, mientras fotografiaba nuestra propia casa-atelier, un amigo que es a la vez arquitecto y fotógrafo decidió intentar por primera vez hacer algunas imágenes con una vieja polaroid. Curiosamente esta cámara, nueva en sus manos, se la había ofrecido un coleccionista de polaroids como agradecimiento por las imágenes que él había realizado de su casa, diseñada por una conocida oficina de arquitectura de Oporto, y que el propio habitante consideraba una obra de arte. Sin embargo, a medida que el tiempo fue cristalizando esas imágenes instantáneas, que acabarían conformando este tríptico borroso y desdibujado, también se hizo visible la incapacidad de anticipar su resultado completamente, controlando por ejemplo el enfoque o la apertura del diafragma o la velocidad de obturación que en conjunto determinan la exposición de cada cuadro de la película a la luz.

Pero en ese momento, esas fotografías imperfectas despertaron también el recuerdo de un otro episodio de nuestras vidas del que, hasta entonces, no habíamos sacado ninguna relevancia especial. Cuando vivíamos y trabajábamos en Bélgica, más concretamente en Bruselas, nos convertimos en clientes habituales de una pequeña librería de arte y arquitectura que existía en Ixelles. Tanto es así que todas las semanas pasábamos allí buena parte de nuestro tiempo e de nuestro sueldo construyendo una biblioteca, hasta el punto de que un día nos llegaran a ofrecer un pequeño libro de Agnes Martin titulado “La perfection inhérente a la vie” [“La perfección inherente a la vida”] (1), que recopila textos escritos por la artista a lo largo de su carrera. De hecho, nos explicaron entonces, nos ofrecían ese libro no sólo porque éramos clientes fieles, sino porque ese libro estaba dañado, o sea, demasiado imperfecto para ser vendido. Un desacuerdo que, irónicamente, ponía en duda la credibilidad de su propio título.

Todavía, la verdadera lección de ese episodio ha vuelto a nosotros ahora que hemos empezado a construir algunos de nuestros primeros proyectos. Una definición posible de la perfección sería la plena coincidencia de los mundos de las ideas y de la materia. Pero ahora que empezamos a construir ya sabemos que ambos son uno solo, en verdad, inseparable. Si en la escuela de arquitectura nos inculcaron una cierta idea (o un cierto idealismo) del modo en que esos mundos estaban relacionados, la práctica de la arquitectura nos confirmó ahora lo que una lectura de los materialistas dialécticos ya nos había hecho sospechar. Es decir, que son mucho más las condiciones materiales del mundo en que vivimos las que determinan nuestras ideas, y mucho menos lo contrario. Pues es precisamente aquí donde nos encontramos con la principal cuestión que queremos abordar en este breve escrito: en el mundo de la materia – nos enseña la Física con su teoría del caos o sus leyes de la entropía – la perfección no existe, estrictamente hablando.



Algunas obras de arte han tratado de plantear precisamente esta cuestión, como la serie “Wrong” de John Baldessari. Y esto es también algo que la propia Agnes Martin reconoce, por supuesto, cuando escribe que los artistas no somos capaces de representar la perfección: “la obra está muy lejos de la perfección porque nosotros mismos estamos muy lejos de la perfección. Cuanto más vislumbramos la perfección, o cuanto más sabemos de ella, más lejana parece.” Sobre todo como en el caso de la arquitectura, hay que decir, cuando entre las ideas y la obra realizada hay innumerables camadas de experiencia, de conocimiento y sobretodo de trabajo y de trabajadores con su propia perspectiva, sus propias razones e interpretaciones creativas. Artistas cuyo trabajo, sin el cual la obra nunca vería la luz, se tiende a desvalorizar o incluso a rechazar en lo que respecta a su autoría.

Pero en el mismo texto, Agnes Martin también escribe que “lo que parece un paso en falso es sólo el siguiente.” De hecho, añade la artista, esta impotencia ante la imperfección, ante los errores y malentendidos que acaban dando una realidad material a la idea, son también un momento potencial de emancipación: “Es el momento en que se superan nuestros prejuicios más persistentes. Nuestra resistencia más profunda cae bajo el cuchillo y somos libres.” En nuestro caso, estos pasos en falso que se revelaban en cada error y en cada dificultad encontrada por las ideas, que siempre acaban desviándose frente a las condiciones objetivas de la obra, nos permitieron dar un paso adelante y encontrar en ellos un otra perspectiva metodológica para nuestros proyectos: la inteligencia y la experiencia de los trabajadores y del trabajo colectivo. O, dicho de otro modo, la posibilidad de encontrar la perfección que existe en la imperfección cuando renunciamos al dibujo como forma de conocimiento estrictamente autónomo y como elemento que separa las razones de los que se supone que piensan de las razones de los que se supone que ejecutan, sin pensar y de forma alienada. Desde este punto de vista, el proyecto deja de ser lo que precede o sucede a la obra, para como preconizaba Sérgio Ferro (2) pasar a ser la obra mismo el lugar privilegiado del proceso de discusión y de la toma de decisiones a que también suele llamarse diseño.

El diseño, y lo que comúnmente se entiende como autoría, ya no es entonces responsabilidad exclusiva del arquitecto o del ingeniero, sino también del albañil, el carpintero o el cerrajero, por citar algunos. En lugar de un error, cada impasse que el proyecto encuentra in situ se convierte en una oportunidad para el debate y para aprender una forma transformadora de diseñar juntos. Todo tipo de condiciones materiales se transforman en materia del proyecto. Y más allá de sus propios cánones y dogmas, de sus principios abstractos y sus sensibilidades exclusivas, la arquitectura (y su definición) se acerca a una autogestión de sus razones estéticas y, finalmente, a una producción consciente y autodeterminada del espacio.




Referencias:


(1) Martin, A. (2013), La perfection inhérente à la vie, Paris: Éditions BAP
(2) Ferro, S. (2006), Arquitectura e trabalho livre, São Paulo: Cosac Naify


Imágenes:


(1) Casa para Gabriel Gaulny, ©Francisco Ascensão, 2021
(2) Wrong (#version 2), John Baldessari, 1996, ©Museum of Contemporary Art San Diego
(3) Carpinteros decidiendo la posicio?n final, @atelier local, 2021

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