EL PLACER DEL GESTO

Agustina Coulleri y Francisco Fernández García, Barcelona

Con este título, Josep Quetglas daba comienzo al artículo del número 3 de la revista Carrer de la Ciutat del año 1978, luego recuperado junto a otros escritos del mismo autor en el libro publicado bajo la colección de Pre-textos de arquitectura, dirigida por Carles Muro y Ton Salvadó. Aunque es cierto que el autor lo ha escrito en francés –que debemos aceptar, suena mejor– la traducción dado el caso parece apropiada. En el artículo se construye un puente entre el razonamiento (la decisión) y el gesto (la acción) que viene a explicar una manera de leer la obra de Brunelleschi, en perpetua oscilación entre ambos momentos. En los trabajos del arquitecto italiano, el gesto construye el espacio. Quetglas señala, haciendo alusión a los grabados: “qué es una perspectiva sino un gesto –una mirada– construyendo espacio racional, ilimitado, demostrando impositivamente cómo debe mirarse? (1)

En la fotografía que nos ocupa, la composición está dispuesta en torno a la escultura que aparentemente se acaba de desenterrar. En la escena se aprecia un claro dominio de la figura central que deja a ambos lados a los actores secundarios del set. Sin embargo, la composición es frágil. Si prestamos atención a las personas de alrededor, ninguna de ellas está mirando a la figura. Por el contrario, todos están apuntando sus rostros en dirección exactamente contraria a ésta. Quizás un perfil del lado izquierdo podría llegar a ser su único espectador, excepto que el sombrero de paja nos oculta su rostro, nunca lo sabremos. “Destruir toda composición: precisamente ésa es la tarea del gesto”, escribía Quetglas.

Donde todo está montado para la gloria del descubrimiento, un giro de cabezas hace que se pierda el interés. Las expresiones de los rostros no parecen reflejar el asombro que aquel acontecimiento exige como propio. La toma refleja el movimiento inacabado del giro de esos rostros hacia el punto central de la nueva composición. El fotógrafo, hasta aquí anónimo, acaba de reclamar para sí la atención de la audiencia. Con el accionar de su cámara ha roto la composición que antes hubo planificado, como si ese gesto inesperado de las personas presentes en la fotografía, que parecía el relleno, acabe siendo la guinda del pastel.




Referencias:


(1) Quetglas, J., (2002). Pasado a limpio, I. Valencia, España: Pre-Textos de Arquitectura

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