QUEDA EL VACÍO

Rubén Páez, Barcelona




Matta-Clark collecting material for Garbage Wall, 1970

Imprescindible e inclasificable como pocos, Gordon Matta-Clark continúa siendo un gran desconocido a pesar de liderar la comunidad de artistas americanos afincados en Nueva York en la convulsa década de los años 70. La pobreza urbana existente explica el activismo social de sus acciones. Sus obras adquirieron un carácter revolucionario y experimental al situar el arte como método de crítica tanto de la arquitectura como del urbanismo contemporáneos. El espacio urbano fue el escenario de sus actividades, y las ruinas urbanas el lugar en el que repensar el vacío.

Más allá del carácter de denuncia, irrenunciable al contexto social en el que se desarrollan, sus trabajos poseen una fuerza mayor que los hacen definitivamente más complejos. Replantearse los parámetros bajo los que la realidad se observaba, se comprendía y percibía fueron cuestiones claves que influyeron en el proceso de ejecución de sus obras.

La imagen de portada que teje el presente número de Engawa pertenece a la performance Descendingstepsfor Batan (Galería Yvon Lambert, París 1977). La obra rinde homenaje a la trágica y prematura muerte de su hermano gemelo Sebastián. La substracción del subsuelo parisino representa una exploración introspectiva usando la ciudad como espejo emocional de la parte oculta, de aquello invisible que en la superficie se revela. El subsuelo como lugar está ligado a las relaciones elementales que mantenemos con los espacios que nos rodean. Los lugares en los que vivimos, habitamos, circulamos o visitamos no desaparecen, quedan en nuestra memoria para ir redescubriéndolos, de la misma forma que el espacio lo construimos a partir de nuestra experiencia. En sus trabajos más conocidos de substraer materia de los edificios, Gordon Matta-Clark actúa como un escultor que intenta crear algo nuevo a partir de algo existente. Extrae materia de algo que tiene unas entrañas a la vez que deja entrar el exterior en ese interior intentando atrapar el vacío.

Han sido muchos los escultores que han pensado el vacío, dialogado entre positivos y negativos, y lo han tratado con la misma importancia que la masa. El vacío, por si mismo, ha constituido una preocupación constante en sus trabajos como artistas. Proporciona equilibrio, ordena, destensa y también es capaz de expresar valores que la forma no puede contener en sí misma.

Un ejemplo fascinante de este diálogo lo encontramos en las experimentales Construcciones espaciales del polifacético artista de la vanguardia rusa Alexander Rodchenko. Las líneas, el movimiento de éstas y la luz otorgan profundidad y definen la escultura. El volumen no se conquista a partir de una masa sólida, el volumen se conquista a partir de un espacio pleno de vacío. El suelo deja de ser un límite y un apoyo de la materia. Otro ejemplo más cercano lo hallamos en la obra del escultor vasco Jorge Oteiza. Éste, abandona la escultura sólida clásica y se adentra en los volúmenes virtuales de espacio vacío, abordándolo como el verdadero objeto de la composición escultórica. Define muy bien Jorge Oteiza esta nueva escultura con estas palabras:

“Mi pensamiento es este: Espacio es lugar, sitio, y este sitio en el que nos desenvolvemos y en el que tratamos de realizar nuestra escultura puede estar ocupado o sin ocupar. Pero este sitio sin ocupar no es el vacío. El vacío es la respuesta más difícil y última en el tratamiento y transformación del espacio. El vacío se obtiene, el resultado de una desocupación espacial, ésta es su energía creada por el escultor, es la presencia de una ausencia formal” (1).

La lista de escultores podría ser amplísima, pero citar a Jaume Plensa significa introducir la fenomenología en la escultura, una corriente filosófica que Matta-Clark ahondó también en su trabajo. Plensa, como tantos, abandona la inmovilidad de la escultura, exigiendo aplicar los sentidos, el tiempo y la experimentación fenomenológica. La escultura se vive, no basta considerarla un objeto precioso y aislado.




Matta-Clark trabajando en la obra Conical Intersect

En este punto llegamos al método de trabajo de Gordon Matta-Clark en sus obras substractivas. Quizá su máxima aportación haya sido poner en valor el vacío y el intento por ocupar activamente el espacio a través de la inmersión y de la acción sobre éste. La vivencia entendida como experiencia ha sido un compromiso fundamental del propio artista con su obra. Desde este punto de vista, podría analizarse su trabajo desde los principios de la fenomenología, que como tantas corrientes ha tratado de dar respuesta a la pregunta: ¿qué es lo real?

Aunque la fenomenología eluda la respuesta y no le interese saber si la realidad existe o no (físicamente sabemos que sólo el 5% de lo que percibimos es real y el 95% restante es la interpretación que hacemos de esa realidad), esta corriente ha vinculado la conciencia con el mundo que nos rodea. Ha distinguido los fenómenos mentales de los físicos, entendiendo el fenómeno como algo inmaterial, hecho o suceso que se manifiesta y puede percibirse o bien con los sentidos o a través del intelecto. El desarrollo de estas experiencias es una consecuencia de la voluntad que tenemos como individuos por entender la realidad y desenvolvernos en ella. Los fenómenos (la apariencia de las cosas ante nuestros sentidos) constituyen la realidad tal como la percibimos, contrariamente a la realidad tal como existe independientemente de nuestra experiencia. Matta-Clark, en este sentido, quiere comprender el proceso de la experiencia. En su trabajo, éste deja de ser el objeto de la mirada para pasar a interactuar con él; no sólo percibe la obra, también toma conciencia de sí mismo en esa vivencia.

La experiencia cognitiva según la neurociencia pasa por tres niveles: el emotivo (sentir la emoción), el somático (sentirla corporalmente) y el cognitivo (incorporarla a través de la razón). Cuanto más conscientes somos de nuestro interior, desde un punto de vista físico, más capaces somos de diferenciar y separar lo que estamos percibiendo a nivel somático de lo que estamos sintiendo a nivel emocional. Otro concepto interesante a introducir es la intercepción, definida como la capacidad de percibirnos a nosotros mismos desde nosotros mismos (¿qué pasa? ¿cómo pasa? ¿cómo me siento?). La vista ya no es el sentido que usa mayoritariamente. El cuerpo es quien domina. Para Matta-Clark ese es el momento en el que empieza a ver el mundo a través del arte.

Este último aspecto es importante para comprender la relación del artista con sus obras. En sus performances se opone a utilizar instrumentos demasiado tecnológicos que le faciliten el trabajo. Los cortes los hace con herramientas básicas que requieren exclusivamente de su fuerza, obligándole a un esfuerzo mayor y a una constante comprobación de como está quedando su obra desde el exterior. Salir del edificio para comprobar con su propio cuerpo, con su trabajo, por tanto, con su experiencia, lo que está produciendo. Algo más allá de la escala de su cuerpo. Al mismo tiempo que extrae, excava o socava, libera la vida atrapada en esos interiores revelando una historia. Gordon Matta-Clark se centra en la experiencia cognitiva mientras ocurre, intentando capturar las experiencias esenciales como forma de conocimiento y revelar la vivencia del espacio desde lo más profundo del ser humano.



Referencias:


(1)Oteiza y Chillida en la moderna historiografía del arte. Juan Daniel Fullaondo, 1976


Fotografías:


Imagen 1. Matta-Clark collecting material for Garbage Wall, 1970, Estate of Gordon Matta-Clark/ARS
Imagen 2. Conical Intersect, 1975,Jane Crawford

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