LA PARADOJA DE GULLIVER

François Guynot de Boismenu, París

Del día a la mañana quedó arruinado, perdió todos los ahorros que había invertido en la famosa South Seas Company. Esta compañía especializada en comercio marítimo y en batir récords de plusvalía, sucumbió a la especulación bursátil.

Este fue el principal motivo de su cambio de vida. Ya había dejado de viajar por diferentes razones, el principal era que odiaba los viajes.
Este amigo de la familia pronto dejó de interesarse por las cosas de afuera y la ciudad se le quedó reducida al marco de su ventana. Colocó junto a su cama el tabaco y la botella necesarios, y se acostó para siempre.
Mis padres me pidieron un día que le llevara cigarrillos y lectura, irónicamente les pregunte si también tenía que ponerme una caperuza roja. Mi madre me contesto que no hacía falta y luego agregó: «por el lobo no te preocupes, él ya se lo comió».
Su esposa me abrió la puerta y me preguntó si podía quedarme un momento, ella debía hacer unas compras por el barrio y no quería dejar solo al «hombre quieto». A mí me resultaba muy simpática su postura y aun máss el personaje, así fue que empezamos a dialogar sobre diferentes maneras de viajar.

-¿Por qué odias viajar?

-No odio viajar, odio las condiciones de mis viajes. Quizás si hubiera viajado de otra manera, me hubiera encantado viajar.
Es cierto que no tengo simpatía por viajar. No pretendo tener razón, yo me pregunto, ¿qué hay en el viaje? Creo que tiene un pequeño lado de falsa ruptura. Esto es lo que me molesta (1).
-Responde el hombre quieto.

-¿Qué es lo que hace antipático un viaje?

-Recuerdo una frase admirable de Samuel Beckett que hace que uno de sus personajes diga algo al respecto, lo cito mal, es aún mejor que esto: "Somos estúpidos, pero no al punto de viajar por placer» [2]. Eso no, todavía no lo soy. La estupidez es antipática.-Responde el hombre quieto.

-Pero no solo por placer uno viaja, también hay viajes necesarios, pienso en nuestros abuelos emigrantes. ¿Y los nómadas? No creo que sean unos gilipollas los nómadas.

-Los nómadas siempre me han fascinado, pero es precisamente porque los nómadas son personas que no viajan [3]. Aquellos que viajan si son emigrantes, puede haber personas extremadamente respetables que se ven obligadas a viajar. Este tipo de viaje está fuera de tema, porque es un viaje forzado, casi sagrado.-Responde el hombre quieto.

-Como dice la canción, «no tenemos pertenencias sino equipaje». ¿Por qué dices que los nómadas no viajan?

-Porque no quieren irse, porque se aferran a su tierra, ellos solo pueden ser nómadas. Es a fuerza de querer quedarse en su tierra que nomadizan. Podemos decir que nada viaja menos que un nómada. Y es por eso que son perseguidos.-Responde el hombre quieto.

-Nunca lo había visto de esa manera. Sabes yo a veces viajo para verificar, como arquitecto veo mucha obra construida fotografiada en revistas y por la web. Algunas obras, si es que puedo, las necesito ver en su lugar para verificar lo que sentí al verlas por primera vez.

-Hay una frase que habla al respecto, es de Marcel Proust muy hermosa que dice: "Finalmente, ¿qué hacemos cuando viajamos? Siempre comprobamos algo. Verificamos que el color que soñamos está ahí». A lo que agrega, es muy importante: "Un mal soñador es alguien que no verá si el color que ha soñado está ahí. Pero un buen soñador sabe que debe ir a ver si el color está allí.»
Eso, me digo, es una buena idea del viaje. Pero por lo demás ...-
Responde el hombre quieto.

-¿Tu odio por viajar, quizás está vinculado a tu situación actual?

-¡Yo no necesito moverme muchacho! Todas las intensidades que tengo, son intensidades inmóviles. Las intensidades se distribuyen en el espacio o en otros sistemas, no necesariamente en el espacio exterior. Yo, te aseguro que cuando leo un libro que admiro, o cuando escucho una música que encuentro hermosa, tengo la sensación de pasar por momentos de mucha energía, nunca un viaje me dio tantas emociones ...
Entonces, ¿por qué iría a buscarlas, estas emociones al exterior mientras las tengo más bellas en lugares fijos como la música o como la literatura?
Bueno, estos son los terrenos que puedo visitar, desde mi cama me siento un gigante ...
-Responde el hombre quieto.

-Cuando dibujo yo siento algo parecido, la distancia me genera un deseo de ficción y ejecución. No solo una distancia física entre la realidad y el pequeño dibujo, sino que también conceptual, un deseo proyectual. Desde ese lugar me siento un gigante que a distancia lo ve todo, la ciudad, el barrio, la calle, la casa, el muro, la puerta ... hasta el umbral.

-Lo que tú me cuentas me hace recordar algo que leí una vez sobre la «paradoja de Gulliver». Te habrás fijado que los dibujos más pequeños parecen más bonitos. Delante un dibujo reducido, nosotros nos volvemos más grandes, ¡como gigantes! Desde lo alto se puede volver a descubrir su propia importancia, desde lejos se puede admirar la obra. La ilusión de realización es siempre gratificante (4).-afirma el hombre quieto.

Volviendo a los viajes, durante nuestras infancias fuimos unos grandes viajeros. A través de la vista imaginativa del niño el mundo interior y exterior se entremezclan de manera fluida en múltiples juegos.
La mesa era un techo, una silla un auto, la cama un barco y sus sábanas una red de pesca. Los seis metros cuadrados bajo el pino en el jardín, se dilataban hasta llegar a ser seis mil hectáreas. En esta superficie podíamos construir ciudades, puentes y rutas donde el Ford Capri en miniatura circulaba a toda velocidad.
De lo contrario en la verdadera ciudad nos sentíamos muy pequeños; la alcantarilla de la esquina podía llegar a ser una trinchera, una manzana el circuito de Le Mans y un terreno baldío el estadio de fútbol.
Además, todo objeto de lo cotidiano podía ser fuente de investigaciones, en mi caso muchas veces ridículas como: extraer rayos de sol de una sandía, ablandar piedras en agua hervida, aprender a mezclar colores por el olfato o transformar estiércol de vaca en misiles aéreos.
Cada niño tenía su propio monólogo con el juego y el éxito de este pasaba por conseguir un gran monólogo colectivo ...
Escucho la puerta debe de ser su esposa que llega de sus vueltas.
Me sobresalto al volver a mirar al hombre quieto, tiene un revolver (de juguete) en su mano y me apunta con él.

-Escucha bien salvaje Yahoo, tú me ves como una horrible criatura, ¡pero mi naturaleza perfecta me hace ser un Houyhnhnm! (5)
¡¡¡Toma tus cosas y vete ya!!! ............................... y la próxima vez me traes una botella de grappa.-
Grita el hombre quieto.



Juan Carlos Onetti, 1993

Vuelvo a casa con los auriculares puestos, escuchando la radio y sonriendo por lo ocurrido. Alain Badiou me dice al oído que «la principal opresión de hoy es hacer que el mundo sea ilegible. Es simplificando el mundo de la complejidad facticia en el que se vive que uno tiene la oportunidad de comprenderlo y, en consecuencia, transformarlo» (6).
Recordé que mi primer contacto con la construcción fue jugando y me dije que quizás volver a encontrar el juego en ella sea la herramienta para fingir menos.


Referencias:


Texto basado en extractos de:
(1)El abecedario de Gilles Deleuze (1925-1995), una serie de entrevistas "alfabéticas" realizadas por Claire Parnet y filmadas por Pierre-André Boutang (1937-2008) en 1988.
(2)Samuel Beckett, Mercier y Camier [1948], Medianoche, 1970. La cita real es: "No viajamos por el hecho de viajar, como dijo Camier, "somos estúpidos, pero no a tal punto".
(3)Ver el concepto de nomadología. http://www.youtube.com/watch?v=2MeC5uC48Kk
(4)La arquitectura didáctica de Franco Purini. Colegio oficial de aparejadores y arquitectura técnicos de Murcia (1984). ISBN 84-505-0898-3.
(5)Los viajes de Gulliver de Jonathan Swift, 1726.
(6)Simplifions de Bernard Quirot. Editions Cosa Mentale (2019). ISBN 978-2-9557010-7-2.

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